jueves, 19 de octubre de 2017

El próximo 18 de octubre comenzará en Beijing el XIX Congreso Nacional del PCCH


 



               El Partido Comunista debe guiar a China al éxito

 

                              Iramsy Peraza Forte

                                    Granma

 

La República Popular China primero tuvo un partido y después la nación moderna. Lo que conocemos hoy como el gigante asiático sería muy distinto sin la organización política fundada hace 96 años por Mao Zedong.



El país enfrenta ahora nuevos desafíos, pero se mantiene bajo la guía del mismo Partido Comunista que unificó la república, más de seis décadas atrás, y sentó las bases para sacar de la miseria a millones de personas y convertir a China en una potencia mundial.

Precisamente sobre esa organización, que posee más de 88 millones de militantes, estarán puesta todas las miradas cuando el venidero 18 de octubre comiencen las sesiones en Beijing del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCH).

Catalogado como uno de los acontecimientos políticos más importantes de este país, para el presidente y secretario general del PCCH, Xi Jinping, el cónclave ocurre en un momento crucial para el desarrollo del socialismo con características chinas y los esfuerzos por construir una sociedad modestamente acomodada.

Más allá de elegir al Comité Central, debatir y aprobar sus normas internas y dibujar las líneas del futuro político, económico y social del país, muchos expertos consideran que este congreso será diferente a los anteriores. Para conocer por qué, Granma conversó con Zhou Xinyu, un influyente académico chino, director adjunto del Centro de Estudios de Diplomacia Pública de la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing.

En el congreso, en el que participarán más de 2 200 delegados de todos los sectores y etnias, además de analizar el funcionamiento interno del Partido, se hará un resumen sobre las políticas más importantes que desarrolló China en los últimos cinco años, pero lo más relevante es que se dirá cómo continuar en términos de desarrollo económico, militar, educación, diplomacia; decisiones que impactarán en la realidad china pero también en el escenario mundial, expresó Zhou.

Informaciones oficiales confirman además que para esta edición se presentarán una serie de enmiendas a los estatutos con vistas a «representar los nuevos conceptos de gobernanza, pensamientos y estrategias de la organización y fortalecer el poder del Partido y su conexión con el pueblo».

Militante del PCCH, Zhou considera que la dinámica general de China y el entorno internacional indican que esta reunión será concluyente para «consolidar las reformas que emprendieron Xi Jinping y su equipo hace unos años».

También sugiere que los planes o visiones que salgan de la reunión, que se celebra cada cinco años, tendrán un mayor alcance en términos de objetivos. «En los últimos 30 años la gente en China trabajó duro para producir todo tipo de cosas y exportarlas al mundo, pero ahora esa gigante producción manufacturada no reporta tantos dividendos y además afecta considerablemente nuestro medio ambiente».

Para contrarrestar ese proceso de ralentización que ha sufrido el crecimiento económico, los líderes chinos están buscando nuevas vías, fomentando e invirtiendo en nuevas tecnologías, inteligencia artificial y energías renovables, pero es solo el comienzo y las decisiones estratégicas que salgan del XIX Congreso pueden apuntalar esos empeños, señaló.

Además de las estrategias económicas para convertirse en una sociedad moderna e industrializada, Zhou cree que otros temas cruciales como la tarea de erradicación de la pobreza y el fortalecimiento de la figura de Xi Jinping como ente aglutinador del Partido, estarán en los debates.

Continuar haciendo frente a la corrupción y al inmovilismo de algunos cuadros del Partido y el gobierno, será con certeza uno de los asuntos más analizados, explicó Zhou, autor de ¿Cómo se defiende China?, unos de los tres libros más vendidos en el campo de la diplomacia doméstica en los últimos años.

Desde el año 2012, fecha del último congreso y justo cuando Xi y la actual generación de líderes ascendieron al poder, una fuerte campaña anticorrupción se ha desplegado a todos los niveles y 1 343 000 funcionarios de nivel de base del Partido fueron amonestados, de acuerdo con datos oficiales.

Preguntado por sus expectativas personales sobre esta cita, Zhou dijo que China está cambiando y «yo quiero que este congreso afiance esos cambios y proyecte un país más estable y con mayores beneficios para todos».

Según su criterio, más allá de los métodos, reformas o ajustes, el pueblo chino «se preocupa mucho más por saber qué puede hacer el gobierno por nosotros» y cuando dicen nosotros se refiere a más de mil millones de personas con intereses distintos.

Pero, qué es lo que interesa a los chinos. Problemas puntuales, refiere Zhou, tales como la erradicación de la pobreza y disminución de las crecientes diferencias sociales, los derechos de la mujer, el elevado precio de las viviendas en las grandes ciudades y la disyuntiva entre continuar el camino del desarrollo desenfrenado o cuidar más el medio ambiente.

Esas son algunas de las cuestiones más importantes que el XIX Congreso debe abordar.

LA VIABILIDAD DE UN MODELO

Convertirse en una sociedad modestamente acomodada y consolidar la construcción de «un estado socialista, fuerte, democrático y moderno» son puntos cardinales de la política china actual.

«China quiere encontrar la vía de que un país que fue pobre se vuelva rico, fuerte, civilizado, eso es lo que llamamos el socialismo con características chinas, pero eso no será posible sino construimos la mejor sociedad, la mejor economía», afirmó el catedrático.

Este XIX Congreso será una plataforma para impulsar los cambios y reformas que lleva adelante el gobierno para alcanzar ese objetivo, refirió, pero puntualizó que «China cambiará por ella sola, no porque Estados Unidos u otros quieran».

«Nosotros tenemos que demostrar que podemos alcanzar el desarrollo, el éxito por nosotros mismos, es nuestra identidad y lo demostrará la viabilidad de nuestro sistema», aseveró.

Sin desechar las ventajas que significan las relaciones entre los partidos comunistas, los países socialistas deben erigirse por ellos mismos, hacer reformas, competir, encontrar la forma de ser naciones industrializadas, puntualizó.

EL CONGRESO FUERA DE CHINA

En el contexto internacional, China está promoviendo un nuevo tipo de gobernanza global en el que todos se vean beneficiados y se ha mostrado proactiva a liderar en áreas como la lucha contra el cambio climático y el libre comercio, cuando otras potencias tradicionales dan un paso atrás. «Creo que tanto el gobierno de Xi Jinping, como los nuevos líderes que salgan elegidos del Congreso, tienen pensamientos y miradas revolucionarios en el contexto internacional y sus relaciones», sostiene Zhou.

Aun así afirma que China no quiere establecer un nuevo orden internacional, aunque lo considera injusto. La visión de Beijing es mejorarlo, que sea bueno para la globalización, el comercio, las inversiones en el exterior y el intercambio de información, y por eso se involucra.

Ante la negativa de Estados Unidos de participar más en los asuntos globales, muchos países están anhelando una nación que si apoye ese orden y el gobierno de China, especialmente Xi Jinping, se ha levantado y ha dicho que la nación más poblada puede hacerlo, advierte.

En los últimos 30 años la diplomacia del gigante asiático estuvo sumida en un bajo perfil, enfocada netamente en asuntos internos, pero eso ha cambiado y el Partido tiene mucho que ver. La política exterior actual de la segunda potencia se delineó en el anterior congreso y luego de cinco años debe salir aún más fortalecida, sostiene.

Supongo que los documentos finales también incluirán ideas sobre la iniciativa de la Franja y la Ruta y otras políticas que pueden robustecer las relaciones de China con el mundo. «En una época en que Estados Unidos quiere cerrar sus fronteras y apuesta más al proteccionismo, China puede tomar ese espacio vacío y ser un importante socio económico para Asia, África, América Latina y el Caribe».

Tan solo unas semanas después del evento más importante de la política china, el presidente estadounidense, Donald Trump, aterrizará en Beijing. Qué podría salir del encuentro entre los mayores actores del ajedrez político mundial. Zhou Xinyu cree que Trump está tratando de construir una buena relación y al mismo tiempo quiere tomar ventajas; mientras China quiere ser tratado como igual, que los estadounidenses acepten su nuevo poder y no interfieran en los asuntos internos.


 

martes, 17 de octubre de 2017

La revuelta neoliberal de la burguesía catalana divide a la clase obrera y al marxismo


Poco teníamos que decir, desde el último debate sobre el proceso de radicalización del nacionalismo catalán (1) pero la fuerte represión ejercida por el gobierno contra el pueblo, la convocatoria de huelga convocada por los sindicatos alternativos de clase, junto con los últimos lineamientos ideológicos, nos obligan a recuperar la línea de debate, sobre que se juega la clase obrera en particular en esta partida entre oligarquías, que por su configuración o por su falta histórica de configuración como estado, lo cuentan como un choque de países, haciendo de las clases populares, el instrumento de confrontación en la defensa de los intereses de la burguesía neoliberal y conservadora, en su fractura por el control de la propiedad y el mercado, cuando el pueblo, es el único genéticamente imposibilitado históricamente, de ser heredero de las propiedades, bienes y territorios, apropiados por la élite absolutista y feudal, bajo el manto patriarcal y represivo de la iglesia católica romana, tras la caída del imperio.

Existen motivos concretos para la fractura, como los que denuncia la Federación Sindical Mundial en un comunicado (2) por la disputa entre Barcelona y Madrid, por el control del negocio del transporte que nos comunicará con el centro económico de Europa, África y Asia. En temas fiscales como el reparto de la hacienda pública catalana, que los nacionalistas quieren igualarla a la vasca y navarra, insolidarias con el conjunto de las regiones españolas (3) que acumulan miserias por falta de inversión pública en empleo y futuro, en su función de reclamo turístico y abastecedor de mano de obra barata y precaria para las zonas en desarrollo, dentro de un proceso amplio de ejecución de políticas neoliberales de privatización y comercialización de los servicios y bienes públicos, como formas extractivas de los salarios, ahorros, pensiones y bienes materiales de las clases populares. También el interés de ambas burguesías, de oscurecer mediáticamente con el tema catalán, toda la trama política descubierta judicialmente de apropiación de los dineros y bienes públicos.

Seguir constatando a estas alturas, que a pesar del acto montado en el parlamento catalán, que si ahora mismo seguimos teniendo un gobierno del PP en el parlamento español, es porque la derecha neoliberal nacionalista del PDeCAT (heredera entre otros desfalcos el del 3% del coste de las licitaciones públicas a las empresas) lo ha querido así. Durante toda su historia, con la excepción de esta última legislatura, ha apoyado su formación y las políticas neoliberales del PP-PSOE, incluso durante todo el “procés” tanto el nacionalismo catalán como los otros, no la han puesto en duda, para así acabar con este gobierno y convocar un referéndum dentro de su legalidad constitucional burguesa. Recordamos que el partido de la oligarquía, ha sido hasta ahora el PDeCAT en Cataluña y en Euskadi el PNV, donde el PP solo obtenía el apoyo de los sectores extremistas de la derecha. El PDeCAT de Pujol, Mas y Puigdemont ha sido más agresivo y corrupto en el desarrollo y aplicación de las políticas austericidas y privatizadoras de lo público que el PP. Este apoyo mutuo entre oligarquías por encima de todo, debiera haberles delatado entre las masas y a nosotros alertado desde el inicio.

Podemos afirmar sin ninguna duda, que Cataluña es el lugar en el conjunto de España, donde más se han comercializado las necesidades elementales de la clase trabajadora en el ámbito de la sanidad, la enseñanza, la dependencia o los servicios sociales. Donde el nacionalismo catalán que representa a la oligarquía financiera neoliberal, ha sido y sigue siendo parte fundamental del enemigo principal, no solo del conjunto de las clases trabajadoras, sino del conjunto de las distintas clases sociales que conforman el pueblo de pequeños y medianos empresarios, campesinos, comerciantes y profesionales, ya que mediante el chantaje de los préstamos financieros, los impuestos legales y el estupro de los ilegales, son exprimidos en el proceso de acumulación y enriquecimiento ilícito, ejercidos por la corrupción de los gestores políticos y partidos en los gobiernos de los distintos niveles y por la usura de las entidades financieras, monopolios industriales y grandes empresarios, bajo la protección autoritaria de un libre mercado en manos privadas, que la ley ejerce en defensa del sistema capitalista.

El movimiento de protesta de amplias masas del pueblo catalán, es liderado por el sector neoliberal de la oligarquía con el apoyo de una burguesía radicalizada, que ve como su beneficio año tras año se reducen por la crisis económica sistémica, más el anarcoindependentismo liberal de amplios sectores de una juventud desclasada, que ve reducirse su desarrollo educacional y profesional dentro del ámbito geográfico e histórico que vivieron. Esto no representa los anhelos colectivos y solidarios de las masas obreras y populares de la movilización del 2011, de superación para las mayorías sociales de los efectos de las políticas neoliberales y la corrupción, ejecutadas por los mismo partidos burgueses que convocan, tanto la movilización por la independencia desde el gobierno catalán, como por los que la reprimen desde el gobierno español, presionados ambos en su ambición acumulativa de riquezas, por la competitividad que crea el libre mercado entre ellos, por la crisis del sistema capitalista global.

No podemos olvidar el momento político y económico que vivimos, porque él nos sitúa en el lugar que ocupamos dentro de la lucha de clases. En Francia, el gobierno presidido por Macron, proveniente del neoliberalismo progresista, perpetúa todas las medidas legisladas bajo el estado de excepción para prevenir los atentados terroristas islámicos, con la idea puesta en la utilidad que tendrá en la represión de las movilizaciones obreras, convocadas por los sindicatos de clase franceses contra la reforma laboral. No nos cabe la menor duda a los que participamos del movimiento obrero, que los mecanismos utilizados para saltarse el estado de derecho en Cataluña, una vez alcanzado el acuerdo que ya negocian para la paz entre burgueses e igual que hicieron con las medidas que tomaron contra el terrorismo etarra, servirán con el aplauso de las fuerzas nacionalistas burguesas que ahora convocan al pueblo, para reprimirlo con la policía catalana al frente, en los procesos de lucha y movilización obrera (que no cabe ninguna duda que los habrá) para combatir la privatización y comercialización de los servicios públicos, esenciales en todo estado social mínimo de derecho.

Dentro de este proceso de movilización popular bajo el liderazgo de los sectores de la burguesía catalana, los comunistas y revolucionarios siempre hemos sido y seremos solidarios en la defensa de los derechos democráticos, tanto en el derecho a decidir como en la lucha contra la represión. Pero en esta solidaridad, en absoluto puede esconderse ninguna cesión estratégica en la unidad de la clase obrera, dentro de un objetivo de división territorial en nacionalidades o de parcelación autónoma, por eso, no son entendibles las posiciones ideológicas que agrandan la división de la clase obrera y que  basculan hacia el seguidismo divisionista y sectario de la CUP, por parte de grupos como Red Roja o Iniciativa Comunista, sin haber recogido las lecturas para el movimiento obrero de la experiencia vasca, respecto a aquellos que con elementos diferenciadores, mantienen la defensa de la independencia y unidad de la clase obrera española, en la línea del PCPE (4) Partido del Trabajo Democrático (5) o Unión Proletaria (6) desde las cuales, superando el sectarismo y la suspicacia, existen oportunidades de coincidencias y de trabajo unitario, para la organización y movilización de las masas.

Los marxistas, de estas últimas movilizaciones catalanas como de las iniciadas por el movimiento de protesta contra los recortes y la regeneración democrática en el 2011, debemos sacar la conclusión de que son movilizaciones del pueblo dirigida por sectores ideológicamente ajenos al sector mayoritario, compuesto en más del setenta por ciento de clase obrera. Esta influencia ajena a los intereses de clase (no siempre antagónicos) no se supera con maximalismos, teoricismos, ni tácticas desde fuera de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera, solo siendo y viviendo como ella, desde los lugares de trabajo, vida social y la familia, seremos capaces de partir de la experiencia histórica del movimiento obrero y comunista internacional y de aplicarlas a las condiciones de la lucha de clases en nuestro pueblo, recuperando así para la clase obrera y su transmisión, la memoria histórica y la conciencia de clase, que por falta del referente ideológico y político en los últimos cuarenta años, hemos perdido.

La construcción de estos referentes, no se quedan exclusivamente en la falta de partido, como de una mala lectura de Lenin muchos transmitimos. La necesidad de un partido adaptado a la realidad social, es innegable en su necesidad histórica, como instrumento de dirección y coordinación de los procesos de movilización de masas y en la construcción de las condiciones objetivas y subjetivas para el desarrollo de los procesos revolucionarios, pero Lenin también nos explicó, con la expresión en su momento concreto de “todo el poder a los soviet” que otros instrumentos del pueblo, son también imprescindibles y necesarios, porque forman parte de ese poder popular alternativo, que simbolizaron los soviet.

Aquí y ahora en España, ese poder popular a crear y construir, solo lo podemos forjar desde el compromiso con el sindicalismo de clase en tu centro de trabajo o sector, en la asociación popular de vecinos de tu barrio o pueblo o en el centro de estudio de nuestra juventud. El que mejor se sitúe en tu ámbito social, laboral, de estudio, para la defensa y organización de los intereses de clase y en su unidad para lucha. Solo desde ahí, como línea política de masas, lograremos la unidad de los marxistas con el movimiento obrero que lucha, forjar la construcción organizativa de sus referentes políticos, junto con lo más imprescindible en todo proceso revolucionario: la construcción de la unidad obrera y popular.

Esto implica para los comunistas y el movimiento obrero que lucha por su debilidad organizativa, situar la lucha institucional en un plano secundario, donde solo lleve la militancia y el trabajo imprescindible, en la planificación y organización del apoyo electoral a los representantes reformistas más avanzados, desde la independencia ideológica y política y desde la lealtad más absoluta como aliados del pueblo. Táctica que deberá ser válida, hasta que no tengamos capacidad organizativa y la iniciativa en la movilización de masas desde los instrumentos del poder popular. Es decir, cuando podamos ofertarlo a las masas como poder alternativo del pueblo, contraponiéndolo al parlamentarismo burgués.

círculos comunistas por la confluencia popular             octubre del 2017






lunes, 16 de octubre de 2017

La crisis trunca el proceso de convergencia entre regiones



Albino Prada              14 Octubre 2017

 

Categoría de nivel principal o raíz: Desde Asturias

Con un crecimiento del PIB más alto y menos dinamismo demográfico, las comunidades más ricas amplían la brecha

http://www.asturbulla.org/asturbulla.org/images/stories/17.jpg/PIBhabitante.jpg

PIB por habitante en España, base 100

 

Para el período 2010-2016 los últimos datos de la Contabilidad Regional publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) informan de un crecimiento de la desigualdad en la riqueza regional media por habitante (PIBpc).

Porque mientras en el año 2010 la diferencia entre la comunidad más rica (Madrid, con un 133,6 % del producto interior bruto per cápita de España) y la menos rica (Andalucía, con un 75,8 %) era de casi cincuenta y ocho puntos (la media española marca el nivel cien), en el año 2016 la distancia era ya de sesenta y tres puntos. La crisis habría roto, en consecuencia, una tendencia histórica muy diferente.

 

Porque en la década anterior (entre el año 2000 y el 2010) la distancia entre la región más y menos rica, en lo relativo al PIBpc, habría pasado de sesenta puntos a aquellos cincuenta y ocho. En suma, en el pasado se registraba una ligera tendencia hacia la convergencia regional, que ahora se ha truncado.

Antes del 2010 esa aproximación no se debía a que las regiones menos ricas creciesen más que las más prósperas (en términos de variación anual del PIB), sino más bien a que en las regiones con un producto interior bruto inferior la población crecía mucho menos que este (o incluso disminuía) lo que provocaba el acercamiento del PIBpc. Había crecimiento desigual pero, a pesar de ello, se producía una ligera convergencia.

El impacto de la recesión

La crisis ha volatilizado este modelo de convergencia. Porque las regiones más ricas siguen creciendo a tasas medias muy superiores al resto pero, y esta es la novedad, ahora también en ellas la evolución demográfica se sitúa en tasas muy inferiores a las de la producción.

Así Madrid, País Vasco, Navarra o Cataluña ven como su PIBpc crece muy por encima de la media española entre el 2010 y el 2016 (entre 1.055 y 1.718 euros, frente a una media nacional de 756) por la conjunción de ambos factores: su producción anual crece muy por encima de la media, pero su población no (en Cataluña incluso disminuye).

 

En el otro extremo aparecen regiones como Andalucía, Canarias, Castilla-La Mancha, Asturias, Cantabria o Extremadura, en las que la riqueza por habitante se estanca o decrece por una conjunción de ambos factores: porque el diferencial negativo en el crecimiento de su PIB (respecto a la media nacional) supera al diferencial demográfico, que era la variable que antes lo compensaba. En Andalucía o Canarias incluso sigue aumentando la población por encima de la media nacional.

Las comunidades más ricas siguen creciendo más que las más alejadas de la media, pero las primeras, además, acercaron durante la crisis su dinámica demográfica a las segundas. El resultado es una creciente divergencia en la riqueza por habitante que ahora ya no puede ser paliada simplemente por la evolución demográfica.

En una situación intermedia se sitúan regiones como Galicia y la Comunidad Valenciana (entre las menos ricas) o Aragón y La Rioja (entre las que más), que no consiguieron capear la crisis con tasas de crecimiento por encima de la media española, pero que en cambio anotan una regresión demográfica que les permite mantener una aparente estabilidad de su riqueza por habitante.

Pero eso no impide que mientras la distancia entre Galicia y Madrid era en el 2010 de 45 puntos (con la media española como base 100), en el 2016 se ampliase esa brecha hasta más de 47 puntos.

 

Albino Prada es doctor en Economía

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/economia/2017/10/13/crisis-trunca-proceso-convergencia-regiones/0003_201710G13P30993.htm